Reportaje Revista Noticias

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El ex juez, y ahora candidato radical a senador porteño, recuerda entretelones del Juicio a las Juntas. Arqueología, Von Wernich, juegos y gajes del oficio.

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Hay temas que son inevitables de tratar ante un personaje como Ricardo Gil Lavedra. El haber sido uno los jueces que condenó a las Juntas Militares de la última dictadura, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, es un recuerdo fuerte que vuelve y da lugar al tema derechos humanos. Su candidatura a senador por la ciudad de Buenos Aires, de la mano del radicalismo que apoya a Roberto Lavagna, es otro punto inevitable. Sin embargo, tal vez la campaña permite ahondar en el Gil Lavedra que no se conoce. El padre que aún juega como un niño, el hijo que siguió los pasos de su abuelo, el arqueólogo frustrado o el abogado que no quiso poner su prestigio en riesgo. Las otras caras de un jurista renombrado que, por primera vez, compite por un cargo electoral.

Noticias: ¿Por qué decidió ser abogado?

Ricardo Gil Lavedra: Mi abuelo materno era abogado e integró el Superior Tribunal de Entre Ríos. Su figura tuvo una influencia muy fuerte sobre mí. Creo que por eso me incliné casi naturalmente por la abogacía. Aunque siempre tuve una vocación por la arqueología. Me encantaba. Pero fue uno de esos deseos truncos.

Noticias: ¿No intentó, al menos, probar con la arqueología?

Gil Lavedra: No. Me tiré derecho a la abogacía. No sé si me quedó como una cuenta pendiente… Aún hoy me apasiona el descubrimiento, las investigaciones sobre la antigüedad. Pude viajar por todo el mundo y me encanta visitar museos. Pero nunca desarrollé más mi interés. Es una vocación frustrada.

Noticias: ¿Cómo es la relación con su madre?

Gil Lavedra: Mi papá murió cuando yo era muy chiquito, tenía 4 años. Él era oficial aeronáutico y falleció en un accidente de aviación. Por eso nos fuimos a Entre Ríos. Tengo muchas de las ventajas y desventajas del hijo único y, encima, huérfano de padre. Siempre tuve la atención de mi madre.

Noticias: Lo que se dice, un Edipo bien desarrollado…

Gil Lavedra: No lo sé (sonríe). Siempre tuve una muy buena relación con mamá, que, por suerte, está bien de salud y es una mujer dinámica, que fue muy solidaria conmigo.

Noticias: ¿Cómo fue el día a día del Juicio a las Juntas?

Gil Lavedra: Los momentos más tensos fueron los previos a la iniciación de la audiencia. La sociedad estaba muy segmentada. Mucha gente creía la verdad oficial de los militares: que no había de-saparecidos, nomás algunos excesos. No sabíamos en qué iba a resultar. La sala podría haberse llenado de uniformados o de militantes de derechos humanos y el juicio, irse por la borda. La gente por la calle me preguntaba si de verdad el juicio se iba a hacer. Y decían que era una locura. Para empezar, tardamos varios minutos, porque habíamos prohibido que se usaran signos distintivos y Hebe de Bonafini estaba con su pañuelo blanco. No se inició hasta que se lo sacó.

Noticias: ¿Afectó sus relaciones personales?

Gil Lavedra: Dentro de Tribunales el juicio no tuvo mucho apoyo. Fueron pocos los jueces que fueron a la sala de audiencia. También fueron escasísimos los políticos que aparecieron. No llegué a tener problemas personales, pero recuerdo que en reuniones sociales tuve alguna discusión subida de tono, porque estaba muy enraizado el discurso oficial.

Noticias: ¿Cómo evalúa la política de derechos humanos de Néstor Kirchner?

Gil Lavedra: Es positiva, pero también usada de manera marketinera. Los juicios se retomaron gracias a que la Corte dejó sin efecto las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Sumado a la voluntad política de acompañar ese proceso. Ahora, eso no quiere decir que el Gobierno no haya actuado el tema con un gran oportunismo, porque a los derechos humanos no los inventó este Gobierno. El modo de hacer propaganda es un poco irritante, sobre todo porque es fácil ahora bajar el cuadro de Videla. En otras épocas, Kirchner no lo hubiera hecho.

Noticias: ¿Es un sólo un exceso gestual?

Gil Lavedra: No. El Gobierno no sabe, no puede o no quiere acelerar los juicios. No tomó ninguna política concreta. Se requieren reglas especiales. Hay procesos que están desde hace muchos años superpuestos como capas geológicas. No podemos arrastrar el tema hasta la eternidad.

Noticias: Algunos testigos del juicio contra el sacerdote represor Christian Von Wernich dijeron sentirse manoseados.

Gil Lavedra: Es lógico. Ahora se abre un pedacito de la causa ESMA en relación a un represor, Febres. La causa madre tiene unos treinta imputados y la prueba es común a todos, son los testimonios de los sobrevivientes. En este juicio van a hacer declarar a todos los testigos, lo van a condenar y cuando se abra otra parte, los van a citar de nuevo. Es demencial.

Noticias: ¿Qué opina de la reacción de la Iglesia tras el juicio a Von Wernich?

Gil Lavedra: A nivel institucional, la Iglesia durante la dictadura tuvo un papel pálido. Entre los curas, a título personal, hubo de todo: valientes, desaparecidos y otros, cómplices como Von Wernich. Me parece saludable la condena. Pero hay algo que no es conciliable: no puede seguir siendo sacerdote. Quizás falte una condena más fuerte desde la institución.

Noticias: ¿Qué hace cuando no trabaja?

Gil Lavedra: Voy al cine, leo mucho, cuestiones convencionales.

Noticias: Me dijeron que tiene otros gustos no tan convencionales. ¿Cuán buen jugador de metegol es?

Gil Lavedra: Era muy bueno de adolescente, debo haber perdido habilidad.

Noticias: ¿O evolucionó hacia la PlayStation?

Gil Lavedra: (ríe a carcajadas) Me relaja muchísimo jugar al fútbol en la PlayStation. No lo puedo hacer seguido, pero me encanta.

Noticias: ¿Juega con amigos?

Gil Lavedra: No, contra la máquina. Cuando estoy muy estresado eso me desenchufa.

Noticias: ¿Es bueno?

Gil Lavedra: Soy excelente. En serio.

Noticias: Pablo Echarri dijo lo mismo y perdió un desafío en la PlayStation contra un notero de CQC. ¿Usted se animaría?

Gil Lavedra: Bueno, del juego, el Winning Eleven, hay distintas versiones. Yo no me actualizo. Tengo una versión, creo que es el 8 y ahora creo que van por el 10 o el 11, así que no sé…

Noticias: ¿Desafió a colegas?

Gil Lavedra: No tienen idea. La gente grande no hace estas cosas… (ríe). En realidad, me gusta mucho jugar a todo. De chico jugaba mucho al ajedrez, hasta la mitad de mi carrera participé en campeonatos juveniles. Es apasionante, pero llega un momento en que requiere mucho estudio para progresar. Lo dejé porque me tenía que recibir.

Noticias: Sus hijos no siguieron sus pasos.

Gil Lavedra: Tengo cuatro hijos, de mi matrimonio anterior. El único que intentó seguirme fue el más chico, Nicolás, pero fue un mal estudiante de abogacía. Cursó un año y no rindió ninguna materia. Pero estudió cine, hizo un corto para Abuelas de Plaza de Mayo y ahora está metido de lleno con un proyecto para filmar la vida de Estela de Carlotto. El mayor, Gonzalo (32) vive en Perú, es licenciado en Relaciones Políticas Diplomáticas y tiene una empresa de turismo para estudiantes europeos. La mayor de mis hijas, Camila (28), estudia música y canta. Y Sofía (26), psicología.

Noticias: ¿Le hubiese gustado tener un sucesor?

Gil Lavedra: No. Mientras sean felices, que hagan lo que quieran. Además, no creo que la abogacía sea una carrera que a uno lo puede realizar. Las realizaciones son individuales. Ser abogado no es garantía de ser feliz.

Noticias: ¿Está solo?

Gil Lavedra: No, en pareja con una abogada. Tenemos muchas cosas en común, diálogo no nos va a faltar.

Noticias: Con el prestigio que implica haber intervenido en el Juicio a las Juntas muchos clientes, quizás no de los mejores, deben haberse acercado buscando su defensa. ¿Cómo se maneja eso?

Gil Lavedra: En los \’90 rechacé defender a muchos funcionarios envueltos en causas de corrupción. Recuerdo también la de un empresario importante, que tenía una acusación de abuso a una adolescente. El tipo explicaba y explicaba el caso… desde ya, tampoco lo tomamos.

Noticias: Luis Moreno Ocampo levantó una polémica cuando intervino en el caso del cura Grassi.

Gil Lavedra: No censuro a los abogados que aceptan ciertos casos, porque se están ganando su sueldo. Incluso no censuro que se haga sólo por el dinero. En mi caso particular, hay muchas cosas que no hago por dinero.

Noticias: ¿Cómo es hoy su relación con la diputada Diana Conti?

Gil Lavedra: ¿Por qué me preguntás por ella?

Noticias: Durante el gobierno de la Alianza usted la nombró secretaria de Derechos Humanos y hoy ella es la espada kirchnerista en el Consejo de la Magistratura.

Gil Lavedra: Tengo buen diálogo y una relación amistosa, me parece una mujer muy luchadora. Ahora es K, es así… Cada uno tiene sus ideas políticas, pero así y todo se puede tener amigos kirchneristas (sonríe).

Noticias: Usted, Guillermo Montenegro, Julio Cruciani y Martín Silva Garretón son jueces volcados a la política. ¿Hay una moda?

Gil Lavedra: La democracia tiene cuentas pendientes. Es posible que los hombres que provengan de la Justicia sean bien mirados o tentados a participar, porque en lo individual deben tener una imagen positiva.

Noticias: ¿Y usted, por qué se candidatea?

Gil Lavedra: Porque no lo pensé mucho (ríe). Creo en la democracia de partidos políticos. Argentina tiene un problema serio con la personalización de los liderazgos, que son mediáticos, personalistas y sin estructuras. Yo fui a elecciones internas. No le debo mi nominación a Roberto Lavagna ni a ningún dedo salvador, lapicera o acuerdo de alcoba. La UCR de Capital está en un proceso de cambio. Hay un conjunto de dirigentes jóvenes. El presidente tiene 34 años y el secretario general es un empresario de 39. Sentí necesario poner el cuerpo.

Noticias: Entre esos jóvenes del radicalismo, ¿hay empresarios vinculados al éxito de las empresas ".com"?

Gil Lavedra: No, que yo sepa. Uno tiene una empresa proveedora de banda ancha vía satelital. La renovación es imprescindible.

Noticias: Lavagna también fue elegido a dedo.

Gil Lavedra: Bueno… Es un emergente de un agrupamiento de partidos para liderar un plan. Es un caso distinto, confluyeron en elegirlo. De todas maneras, yo descreo de los personalismos.

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