Las consecuencias de una estrategia autodestructiva

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Estoy con el campo. Pero también debo pensar que un voto mío en contra del Gobierno equivale a pedirle la renuncia a la Presidenta.? Julio Cobos confesó así su dilema ante Ricardo Smith Estrada, anteanoche, cuando el inquieto dirigente de la Sociedad Rural se le acercó para intentar persuadirlo en un restaurante de Recoleta.

LaNación.com.ar – Por Carlos Pagni. El vicepresidente expuso, sin quererlo, el clima que se vivirá hoy en el Congreso. Los Kirchner llegan al Senado con un margen muy estrecho: algunos les daban anoche 37 votos. Lo justo para la votación general y menos de lo conveniente para la de cada artículo.A la vez, la suerte de Cristina Kirchner está tan ligada a la de las retenciones, que personas más cercanas a ella que Cobos temen que un fracaso en la votación afecte su estabilidad en el Gobierno.Por las dudas, ayer el incómodo Daniel Scioli envió un mensaje a su sucesor, desde el palco oficialista: ?Hablo también como ex vicepresidente, con la responsabilidad que supone ese cargo?.Néstor Kirchner expuso la medida de estas dificultades en su discurso de ayer. Como si fuera alquimista, transformó la queja agropecuaria en un golpe de Estado; a los vecinos que hacen ocasionales ?y abominables? intimidaciones a legisladores que avalan las retenciones los hizo mutar en ?comandos civiles? de 1955 o en ?grupos de tareas? de 1976; la Comisión de Enlace de los ruralistas pasó a ser de ?Desenlace? y la habría comparado con una ?junta consultiva? si no fuera porque su cultura histórica exhibió algunas lagunas últimamente. También logró que la multitud de Palermo aplaudiera algunas consignas populistas de Eduardo Buzzi.Con la misma técnica, una manifestación en la que el clientelismo predominó sobre la espontaneidad militante fue descripta como una ?asamblea popular?, y la defensa de un impuestazo quedó equiparada a la lucha por los derechos humanos.Kirchner, convertido en el vocero de una Presidenta suplicante, imprimió así un carácter épico a lo que el ministro Florencio Randazzo denomina "una cuestión de plata". Defender las retenciones móviles es salvar la democracia. Rechazarlas, "hundir al Gobierno". Así arguyen los senadores del PJ ante los colegas que temen ponerse al campo en contra.

Es comprensible tanta inflación retórica: los dirigentes agropecuarios atemorizan a los legisladores oficialistas recordándoles que el déficit de representatividad que, siete años atrás, desató el "que se vayan todos", todavía no está saldado. Es decir: el respaldo a la controvertida Resolución 125 sería otra respuesta corporativa de la dirigencia política a los reclamos democráticos de la sociedad.

Aún cuando el argumento quedó algo anémico tras el acercamiento interesado del duhaldismo sobre las cuatro entidades, ayer Buzzi rescató la tesis central: "Las retenciones podrán ser legales pero no legítimas". La respuesta de Kirchner: "Acataremos lo que diga el Congreso y esperamos que todos lo hagan. Basta de cortes de ruta". Después de escucharlo, un dirigente rural razonó: "¿Las organizaciones de derechos humanos dejaron de reclamar cuando se sancionó el Punto Final?"

Frente al Congreso y en el Monumento de los Españoles (que, en rigor, se llama "Monumento a la Carta Magna"), con éxito muy dispar, el Gobierno y el campo siguieron cinchando de la soga de la democracia en una operación coercitiva en la que sólo caen las repúblicas inmaduras. Lula da Silva, por buscar un ejemplo cercano, sufrió el 13 de diciembre pasado la derrota más grave desde que está en el poder, cuando el Senado rechazó por cuatro votos, con ayuda de varios oficialistas, la "ley del cheque", por la que ingresaban en el Tesoro brasileño 22.000 millones de dólares al año. Brasil no tembló por eso, a pesar de que su presidente venía apelando a todos los recursos, igual que los Kirchner, para salvar su iniciativa. Al contrario, los principales analistas festejaron esa muestra de vitalidad de la oposición frente a un mandatario cuya popularidad podría ser, por gigantesca, riesgosa.

La estrategia de Néstor Kirchner frente a un problema similar ha sido tan autodestructiva que en sus dos últimas apariciones debió aclarar que sus movimientos gozan de alguna racionalidad. Hasta sus íntimos dudan de esa hipótesis. La pulverización del poder oficial en los últimos cuatro meses fue acelerada y hoy Cristina Kirchner, según fuentes confiables de su gobierno, depende casi con exclusividad del voto de Ramón Saadi para sobrevivir a la votación del Senado.

Las gestiones personales de la Presidenta habrían sido exitosas con las riojanas Ada Massa -cuyo hermano enfrenta un proceso en el que se lo acusa de haber firmado decretos después de su destitución como gobernador- y Teresita Quintela.

Sobre el senador por Catamarca, uno de los Rodríguez Saa bromeaba anoche: "Veremos si es «Ramoncito» y lo maneja el Gobierno, o si es «Saadi» y muestra algún talento político". El kirchnerismo lo tienta con el poder del PJ catamarqueño, no tanto para beneficiarlo a él como para castigar a Luis Barrionuevo, a punto de convertirse en el quinto hombre de la Mesa de Enlace.

Resulta difícil de comprender cómo un elenco político que se adueñó del poder con 45% de los votos hace siete meses se balancea hoy sobre una base tan angosta. Ahora es crucial saber si, tras una victoria en el Senado, conseguirá ampliar esa plataforma, o si los encuestadores deberán seguir restando en la columna de popularidad del Gobierno.

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