La celebración se transformó en duelo

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La Presidenta pidió un minuto de silencio, acortó el discurso y no hizo anuncios. Pero recordó: “Vamos por la segunda Independencia”.

CríticaDigital.com.ar – En el trayecto de 15 cuadras que va de la Casa Histórica tucumana al inmenso hipódromo local, escenario del momento más político, más militante del acto patrio, Cristina Fernández de Kirchner se enteró que Juan Valdez, un empleado municipal que vino a San Miguel desde Tafí Viejo, murió aplastado por la estructura de una grada que se desplomó. Ahí mismo decidió acortar su discurso a menos de 15 minutos que fue, en definitiva, lo que duró en total el acto, porque el gobernador local, José Alperovich, suspendió su intervención. La Presidenta no anunció medidas económicas, tal como se esperaba, ni hizo referencias de coyuntura política. Pidió construir una “nueva independencia para América del Sur”; saludó a la gente; se subió al helicóptero que la llevó al aeropuerto y, de ahí, al Tango 01 que la había traído a la capital tucumana menos de dos horas antes.

Casi a las 14 horas, una hora después de lo anunciado y media hora después de que muriera el empleado público de 52 años, llegó Cristina Fernandez al hipódromo, “el mejor del interior”, según anuncia el cartel en la puerta. Hacía calor y mucha gente, entre el cansancio y la confirmación de la cruda muerte de Valdez, había empezado a irse por el popular parque 9 de Julio, muchos en busca de los colectivos que los trajeron desde distintos lugares del interior tucumano. Fernández habló desde un palco ubicado sobre la arena en la que corren los caballos, frente a las escalinatas para el público del turf.

La Presidenta recordó su compromiso “con los temas que importan a todos: la mesa de los argentinos, los alimentos y la energía”. Fue lo más cercano al conflicto agrario. Dijo que le gusta “la historia verdadera, la que no nos cuentan”, no “la de Billiken”; y recordó a los hombres que en la pelea por la independencia “lucharon contra los ejércitos más poderosos del mundo, y los vencieron”.

Junto a la Presidenta estuvieron el gobernador Alperovich, su mujer y diputada nacional, Beatriz Rojkés de Alperovich, y los ministros Aníbal Fernández (Justicia), Florencio Randazzo (Interior), Nilda Garré (Defensa), Julio De Vido (Planificación Federal), Juan Carlos Tedesco (Educación) y Alicia Kirchner (Desarrollo Social). También fueron parte de la comitiva presidencial los legisladores José Pampuro, Eduardo Fellner, Carlos Kunkel, entre otros. Participaron del acto el gobernador jujeño Walter Barrionuevo y el salteño Juan Manuel Urtubey que recibió a Cristina en el aeropuerto Benjamín Matienzo.

Desde ahí, la Presidenta fue en helicóptero hasta la Casa Histórica. Tiempo récord de 12 minutos duró la ceremonia en la que se cantó el himno; Cristina colocó una ofrenda de flores en homenaje a los congresales de la coqueta casita; firmó el libro de visitantes ilustres, y se fue hacia el hipódromo. Atravesó el parque 9 de Julio, ruidoso y colorido entre la gente que iba al acto y los que paseaban por el feriado. Entonces, se enteró de la muerte del segundo tucumano en un mes; ambos en actos oficiales.

La ciudad, desde ayer temprano, fue intransitable en auto: policías en cada esquina –uno, dos, diez–, calles cortadas a una, dos, cinco cuadras de la Casa Histórica, del hipódromo, del aeropuerto, de la catedral. “Hubo 1.300 policías provinciales afectados. No más que otras veces”, dijo a este diario el subjefe de la Policía Provincial, Nicolás Barrera. Claro que se les sumó la Policía Federal y los Gendarmes que recorrieron, con ametralladora en mano, la capital tucumana.

Unos 15 mil vinieron desde las 93 comunas y 18 intendencias de la provincia. Treinta camiones, francamente destartalados algunos, los esperaban en las afueras del hipódromo. Usaban gorras naranjas y blancas que decían “interior” y, a puro bombo, agitaban banderas con los nombres de sus municipios, “Tallita”, “Concepción” o “Tafí Viejo”, pueblo ubicado a unos 20 kilómetros de la capital, desde donde vino el fallecido Valdez. Las banderas anunciaban, bien grande, “C.Kirchner-Alperovich”. Los intendentes provinciales trabajaron en coordinación con el ministro del Interior local, Osvaldo Jaldo, para facilitar el traslado de la gente, el grueso de la convocatoria. Al margen de la pata “institucional” de la convocatoria, como la definió el director de Emergencias Sociales de la provincia, Federico Masso, también hubo militancia: Libres del Sur, Barrios de Pie y el Movimiento Evita juntaron casi cinco mil personas. Las alrededor de 20 mil personas que fueron al acto ocuparon la escalinata de cemento central del hipódromo, las amplias zonas de pasto que separan la escalera de la pista y tres escaleras de tablones de madera y metal. Dos sobre la izquierda del escenario central y un sobre la derecha: ésa, la más chica, fue la que se desplomó, la que aplastó a un hombre, la que dejó casi 30 heridos y alteró el curso del acto por el 192o aniversario de la Independencia.

Dos muertos en menos de un mes

El 18 de junio, en la Plaza de Mayo, falleció el primer asistente a un acto cristinista. Carlos Marriera también era tucumano y tenía 21 años. Era la primera vez que viajaba a la Ciudad de Buenos Aires. El gobierno provincial le había pagado 100 pesos para que asistiera a la concentración y le habían prometido trabajo.

Marriera no era militante kirchnerista, pero el dinero y la posibilidad de ver el Obelisco, la Casa Rosada, el Cabildo, la Ciudad, lo habían entusiasmado. Desde su pueblo, Lules, había viajado en un colectivo alquilado por el gobierno de José Alperovich. Pero Marriera no llegó a ver a Cristina Fernández en el palco. No pudo escucharla hablar de “la plaza del amor”. Cuatro horas antes de que ella apareciera ante la multitud, un pedazo de hierro de una farola de la plaza se le cayó en la cabeza. La combinación del viento y de un pasacalles sujeto al poste fue fatal. El tucumano pasaba por allí. Estaba recorriendo la historia con sus manos en los bolsillos. Perdió el conocimiento y mucha sangre. Murió camino al hospital.

Alperovich se ocupó de los “viáticos” de la movilización

Ayer, otra vez, la billetera oficial garantizó el entorno de movilización popular que enmarcó la visita presidencial a Tucumán para celebrar el 192º aniversario de la Declaración de la Independencia. Según reveló ayer el diario La Gaceta, la administración de José Alperovich desembolsó al menos 300 mil pesos para homenajear la presencia de Cristina Fernández de Kirchner en los festejos patrios.

La mayor parte del dinero fue destinado a garantizar el traslado de los fieles: unos 20 mil entre curiosos y militantes. “El oficialismo alquiló 500 colectivos para trasladar desde el interior a los militantes”, informó el diario tucumano. Cada unidad cuesta entre 300 y 900 pesos y varía según la distancia que debió recorrer. Algunos legisladores y concejales prefirieron alquilar combis para trasladar a los suyos a un costo de 150 pesos cada una. “A estos gastos deben sumarse los ocasionados por el alquiler del escenario y del audio, que las empresas del medio cotizan a entre 15.000 y 20.000 pesos. El costo total del evento también contempla el alquiler de un helicóptero doble turbina para un eventual traslado de la Presidenta (así lo exige la Nación por cuestiones de seguridad)”, señaló La Gaceta.

Pero el cálculo de 300 mil pesos no incluyó los “viáticos” para los asistentes. Hace menos de un mes, para el acto de la reafirmación kirchnerista en Plaza de Mayo, el gobierno de Jorge Alperovich le había pagó 100 pesos a casa manifestante trasladado desde Tucumán hasta la Ciudad de Buenos Aires. En aquella oportunidad, falleció un joven de 21 años, Carlos Marriera, a quien además de dinero le habían prometido trabajo.

Los militantes rentados para oficiar de extras en las manifestaciones kirchneristas no generan grietas éticas en la provincia de la Independencia. Después de la muerte de Marreira, la diputada y esposa del gobernador, Beatriz Rojkés de Alperovich, afirmó: “Se les paga el viático, la comida que se le da a cada uno. Es una gran parte de lo que es la democracia”.

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