Habrá una nueva economía en los próximos meses

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Un dólar más bajo y tasas más altas parecen imponerse en un momento donde por primera vez desde 2002 el nivel de actividad sufrirá una desaceleración y el clima político seguirá polarizado.

ElEconomista.com.ar – En la semana que termina el dólar alcanzó el valor más bajo de los últimos dos años y las tasas continuaron en valores más altos que meses atrás. Aquellos que se animan pueden conseguir hasta un 18% por un plazo fijo. La combinación dólar bajo-tasas altas es la contracara de la fórmula que llevó al éxito a la kirchnernomics: el país creció cinco años consecutivos al 8% bajo el paraguas de un tipo de cambio competitivo y tasas bajas. Esta fórmula alentó la inversión productiva en detrimento de la especulación financiera, reza el credo kirchnerista.

Pero ahora esto podría cambiar. Y rápidamente. “Si en los próximos meses el dólar sigue como está hoy y la inflación no cede, la especulación comenzará a ser más interesante que la producción”, vaticina el economista Javier González Fraga. Hay que decir que probablemente de acá a fin de año el tipo de cambio se mantendrá en los actuales niveles y la inflación también.

Qué fue lo que pasó en el país entre enero y junio (en realidad qué fue lo que no pasó) ya se sabe. Ahora es momento de anticipar qué sucederá entre junio y diciembre de 2008. Entre las principales tendencias pueden encontrarse:

– Para los próximos meses los analistas anticipan un dólar en los niveles actuales.

– El Central intentará empujar el dólar de a poco a la banda de los $3,20 a medida que los ánimos se calmen y se detenga la huída de capitales.

– Las tasas seguirán ubicándose en niveles más altos que en relación a meses anteriores.

– La inflación se mantendrá en los niveles actuales, entre 25% y 30%.

– El crecimiento del nivel de actividad económica se ralentizaría hasta un 50%.

En los próximos meses

El principal cambio que percibirá el Gobierno, las empresas y la gente común de acá a fin de año será el menor nivel de actividad económica.

Los economistas (todos, hasta los más optimistas) anticipan ello para la segunda mitad del año.

Miguel Angel Broda cree que en diciembre la economía estará creciendo en torno al 2,5% aunque el año terminará cerrando en 6,7% anual debido a que en el primer trimestre venía haciéndolo a más del 8%.

El enfriamiento de la economía se explica por dos razones: una política monetaria más restrictiva por parte del Banco Central y la desaceleración del consumo.

Para Fernando Navajas, economista de FIEL, las consecuencias de mantener el tipo de cambio en niveles más bajos que los de meses atrás, y las tasas en niveles más elevados, reducirán los márgenes de las empresas y elevará el costo del endeudamiento para hacer inversiones.

Ergo, habrá un menor nivel de actividad económica. Por el lado del consumo, un informe de Ecolatina muestra que en el primer trimestre la masa salarial creció 31,6% pero en términos reales –descontada la inflación– fue apenas de 5,1%. Este incremento es la mitad del percibido en 2007.

Para el director del Departamento de Economía del IAE, Juan Llach, la Argentina se dirige directo a un estancamiento de la economía en general con alta inflación. El término estanflación (desaceleración con inflación), que utilizan los economistas, comienza a ser cada vez más utilizado por estos días.

“El debate en la Argentina para los próximos meses ya no es si la economía se enfriará o no: ahora es si habrá un aterrizaje suave o forzoso”, resume el economista jefe de un banco extranjero. En los próximos años: ¿6% o 3%? Que haya o no un descenso brusco se sabrá en la segunda mitad del año. La cuestión es saber en qué piso se detiene el elevador. Por eso los economistas ya están sacando cuentas para saber a qué tasas crecerá la economía en los próximos años luego de hacerlo durante un lustro al 8%.

Miguel Bein y Fernando Navajas tienen dos visiones muy diferentes al respecto. Ambos coinciden en algo: que el conflicto del campo pudo haber frenado el nivel de actividad pero solamente de manera transitoria. Una vez superadas las tensiones la economía volverá a arrancar porque se comercializará la producción que fue almacenada en las últimas semanas.

Sin embargo habrá una diferencia: el contexto y el clima local ya no serán los mismos. Bein piensa que están dadas las condiciones para que la economía crezca al 5- 6% anual gracias a los precios de las materias primas y la extraordinaria demanda externa. Navajas reconoce el fenomenal contexto internacional para la Argentina.

Pero cree que con la capacidad instalada al límite y condiciones más duras que las empresas deban enfrentar para acceder al crédito en los próximos años, la economía no podrá a aspirar a crecer a más del 3%. Así la Argentina podría encontrar en 2009 un techo más bajo que no tuvo antes con el actual modelo.

Los pilares del modelo

Muchos creen que la economía no cambiará sustancialmente en los próximos meses. Resaltan que los pilares básicos seguirán existiendo: el tipo de cambio seguirá en niveles competitivos, el superávit fiscal será el más alto de los últimos dos años y los precios internacionales continuarán en niveles récord asegurando un colchón de divisas. Incluso, aquellos que dicen ‘nada cambiará’, hasta reconocen que en materia de gasto público se verá a fin de año lo mismo que se ha visto hasta ahora: difícilmente el gasto en subsidios energéticos baje cuando el petróleo en el mundo no da señales de que vaya a bajar de precio.

En el Banco Central defienden la visión de que el tipo de cambio se encuentra aún a niveles competitivos sobre todo si se toman en cuenta las bruscas apreciaciones que han sufrido el euro y el real en los últimos dos años –el 40% de lo que la Argentina le vende al mundo tiene como destino Brasil y la zona Euro–. Según estimaciones oficiales el tipo de cambio para aquellos que exportan a Europa mejoró 8,2% desde el primer trimestre de 2006. Pero es aún más ventajoso para los que venden a Brasil (19% del comercio argentino): el tipo de cambio mejoró 20% en dos años gracias a que el país vecino apreció su moneda.

Sin embargo hay quienes relativizan este argumento sobre la competitividad del peso aun con respecto al euro o el real por dos motivos.

Primero: porque Brasil y Europa ya no aprecian más sus monedas –el dólar corrigió 3 puntos porcentuales desde fines de abril cuando tocó su piso con respecto al euro–. Segundo: porque no creen en los cálculos que se hacen sobre tipo de cambio real. “Son cuentas teóricas que hay que ver con qué datos de inflación se formulan –contesta rápidamente González Fraga–, y en todo caso hay que tener en cuenta que las economías europeas son mucho más productivas que la nuestra”.

La comezón del séptimo año El economista Mario Brodersohn se pregunta en su último informe si el kirchnerismo no cambió definitivamente de modelo. Más allá de si la economía se encuentra frente a un cambio de modelo, el analista sugiere que la inflación no para de aumentar, “sólo le resta anunciar el QEPD de la política de dólar alto”.

Ignacio De Mendiguren dice que efectivamente los pilares del actual modelo ya no se parecen en nada a los de 2002-2005. “En aquel momento tuvimos tipo de cambio competitivo, precios relativos favorables a la producción, baja inflación y no existían los controles de precios. ¿De todo esto qué fue lo que quedó?”.

Alguien podrá preguntarse entonces qué cambia en los próximos meses para los industriales y los exportadores si en realidad todo sigue igual en cuanto a la política del dólar, la inflación y los salarios. “La gran diferencia es que esperamos un nivel de actividad menor”, dice De Mendiguren. “En los últimos dos años se pudo sortear la situación porque la economía crecía”.

Para la UIA los interrogantes son claros: de acá a fin de año preocupa la desaceleración de la economía y la caída que ello provoque sobre la demanda. También están a la expectativa de lo que vaya a suceder con los salarios en el segundo semestre. Más en el mediano plazo preocupa en qué nivel vaya a situarse el dólar. “Si llega a $ 3,16 a fin de año quiere decir que todos los aumentos serán en dólares y eso afectará la rentabilidad del sector”, apunta De Mendiguren.

González Fraga no cree que el Gobierno haya cambiado de modelo económico. “El dólar más bajo y las tasas más altas son consecuencia de una política coyuntural que, en todo caso, vienen bien para disciplinar la inflación”. Pero le preocupa al igual que De Mendiguren que esto se transforme en algo permanente porque sería una mala señal para la industria.

El Gobierno carece de un programa explícito para frenar la inflación y hasta parece lógico que así sea porque no se ha manifestado públicamente preocupado al respecto.

Desde ese punto de vista en el corto plazo todo indica que hará de la necesidad una virtud y entonces difícilmente la inflación aumente por encima de la actual banda (25-27% según los analistas).

Pero la gran diferencia con respecto a los últimos años es que más allá de si el dólar sube, si los precios dejan de aumentar, las tasas bajas o el conflicto con el campo se resuelve, es que la economía crecerá menos. Justo cuando se cumplen 7 años de la recuperación de mediados de 2002, la comezón del séptimo año ya empezó.

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