El tipo de cambio real competitivo
En 2004, a pedido del coordinador del Grupo de los 24, escribí un artículo titulado \»Tipo de cambio real y empleo en la Argentina, Brasil, Chile y México\». Es un estudio sobre la relación entre el tipo de cambio real y el empleo, basado en la experiencia de América latina. El trabajo identifica tres \»canales de transmisión\» del tipo de cambio real al empleo. Por Roberto Frenkel
LaNación.com.ar – El canal macroeconómico se refiere a la influencia del tipo de cambio real sobre la actividad y el empleo en el corto plazo. El canal de desarrollo trata de los efectos del tipo de cambio real sobre el ritmo de crecimiento de la economía y el empleo en el largo plazo. El tercer canal, que denominamos de intensidad laboral, apunta sobre la relación entre el tipo de cambio real y la razón empleo-producto, dado cierto nivel de actividad o cierto ritmo de crecimiento de la economía.
Después de 2004, el canal de desarrollo ha sido el foco de varios estudios internacionales, realizados por autores con orientaciones teóricas diversas, pero generalmente poco heterodoxas. Los nuevos resultados avalan la idea expuesta en mi artículo de que el tipo de cambio real competitivo y estable es un factor importante del crecimiento. Trabajos realizados en el departamento de investigaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) por Prasad, Rajan y Subramanian en 2006 y 2007 con una muestra amplia de países indican que entre 1970 y 2004 las tasas de crecimiento estuvieron correlacionadas con el balance en cuenta corriente (crecieron más los que menos déficit o más superávit tuvieron) y con el tipo de cambio real.
Un trabajo de Rodrik de 2007 compara 184 economías entre 1950 y 2004 y muestra efectos significativos del tipo de cambio real, controlado por otras variables explicativas del crecimiento. Hay otros trabajos empíricos que avalan la relación tipo de cambio real-crecimiento que merecerían citarse más extensamente, como los desarrollados por Gala en Brasil entre 2005 y 2007 y el trabajo reciente de los argentinos Levy Yeyati y Sturzenegger (que pese a mostrar resultados en línea con los comentados denominan curiosamente "mercantilistas" a las opiniones favorables a preservar un tipo de cambio competitivo).
El peso de la creciente evidencia empírica y el éxito de algunos casos notables de preservación de tipos de cambio reales competitivos, como China y la India, han influido probablemente en la opinión de Eichengreen, quien en un trabajo de 2007 reconoce la importancia de un tipo de cambio real competitivo para el crecimiento.
El tercer canal de transmisión de mi artículo, el canal de intensidad laboral, es el que ha sido menos explorado después de 2004. Sin embargo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se interesó en años recientes en la formulación de políticas macroeconómicas orientadas a la generación de empleo.
En 2007 la OIT presentó en Ginebra el caso argentino como ejemplo exitoso de política macroeconómica pro empleo; publicó un estudio que realizamos por encargo de la institución, juntamente con Mario Damill y Roxana Mauricio. El dato que motivó la utilización del caso argentino como ejemplo internacional por parte de la OIT es la formidable recuperación del empleo en la experiencia posterior a 2002. A fines de 2006, por ejemplo, la proporción de empleados a tiempo completo en la población urbana total (empleos de más de 35 horas semanales, sin planes sociales) resulta similar a la de principios de los años 80. En cinco años se recuperaron las caídas sufridas en la década de los ochenta, durante la convertibilidad y con la crisis que acompañó su colapso. El fuerte aumento de la relación empleo-producto con respecto al período de la convertibilidad estuvo asociado con la instrumentación de un tipo de cambio real competitivo.
En resumen, las ideas que teníamos en 2004 acerca de la influencia positiva del tipo de cambio real competitivo y estable (Tcrce) sobre el crecimiento y el empleo se vieron posteriormente avaladas por nuevos estudios internacionales que se dieron a conocer, por la exitosa continuidad de casos nacionales notables de crecimiento rápido y por la propia experiencia de nuestro país en materia de crecimiento y comportamiento del empleo. Pero no todas las lecciones que provee la experiencia argentina reciente son positivas.
En lo planteado arriba puede verse fácilmente que el canal de desarrollo y el canal de intensidad laboral implican el crecimiento rápido de la demanda privada en los mercados de bienes comerciables, de trabajo y de bienes de inversión. El efecto conjunto resulta en un crecimiento rápido de la demanda en todos los mercados, de bienes comerciables y no comerciables. Esto induce la aceleración del crecimiento real, pero también establece una presión inflacionaria sui generis, inherente a la presencia y persistencia de un tipo real competitivo.
Por esta razón, la política cambiaria no debe concebirse e instrumentarse en forma aislada, sino como parte integrante de un régimen de política macroeconómica que incluye las políticas fiscales y monetarias complementarias, orientadas a la sostenibilidad del Tcrce y al control del ritmo de crecimiento de la demanda agregada. Esto es imprescindible para mantener la inflación bajo control, como planteamos en el capítulo cuarto del artículo de 2004. En eso fallamos en nuestro país.
Impulso fiscal
Desde el inicio de la recuperación, la tasa de inflación tendió a duplicarse año tras año; llegó al 12% en 2005. Desde entonces, en lugar de apelar al freno ejercido mediante las políticas fiscal y monetaria, el Gobierno sumó un impulso fiscal expansivo al rápido aumento de la demanda privada. En ese contexto, los controles de precios y la política salarial no pueden evitar la aceleración de la inflación.
La tasa de inflación se redujo a 10% en 2006, principalmente por efecto de controles directos de ciertos precios, pero hacia fines de ese año la aceleración inflacionaria superó la capacidad de control. Entonces se recurrió a la manipulación de las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) y a esconder la inflación en ascenso. El resto es historia reciente y bien conocida.
Actualmente, la gestión macroeconómica es prácticamente inexistente y el tipo de cambio real tiende sistemáticamente a apreciarse. En 2004 pensábamos que el de Tcrce era un régimen macroeconómico sofisticado, que requería una conducción técnicamente muy capacitada y una fina y permanente coordinación de las políticas macroeconómicas.
Aprendimos posteriormente, por la negativa, que quizá teníamos razón en esos puntos. Pero es difícil capitalizar intelectualmente esas ideas basadas en la experiencia argentina, porque a las cosas que no ocurrieron, como mantener la inflación bajo control, siempre pueden atribuírseles infinitas causas.
