El precio de volver.
A la Union Cívica Radical, el tradicional partido de Alem, Yrigoyen, Balbín, Illia y Alfonsín se le plantean ahora, al insinuarse la luz tras un túnel interminable, fuertes opciones, incluyendo cómo procesar y qué hacer con el ex gobernador mendocino Julio Cobos. Por Pepe Eliaschev
El ya famoso desempate de Cobos contra el Gobierno del que forma parte, lo colocó en una consideración inconcebible para él hace dos meses días. ¿Querrá el radicalismo convertir a Cobos en un nuevo Roberto Lavagna? Pero lo de Cobos no fue en 2007 un caso aislado.
Seleccionado Cobos personalmente por el entonces presidente Néstor Kirchner para ser compañero de formula de Cristina en las elecciones de octubre, el llamado "radicalismo K" nunca generó una organización política para "concertar" con el Partido Justicialista.
El Frente para la Victoria presentó al binomio Cristina-Cobos en el que el mendocino representaba un armado de intendentes y gobernadores de origen radical, pero subordinados al oficialismo
nacional.
Muchos de ellos son baluartes de su partido en sus respectivos distritos y han experimentado una fuerte atracción pragmática con el kirchnerismo.
El rionegrino Miguel Sáiz y el santiagueño Gerardo Zamora no se asocian al nacionalismo populista, ni tampoco les importa que los Kirchner sean los nuevos continuadores de los próceres radicales. Cobos es un político conservador poco prejuicioso y práctico.
Fue elegido vicepresidente por este gobierno peronista, igual como sucedió con el conservador popular Vicente Solano Lima en 1973 al lado de Cámpora, por orden de Perón. Pero Cobos descartó las reglas de su propio partido.
Aceptó esa singular "concertación", pero no la pudo hacer aprobar por la Convención Nacional de la UCR.
Entonces, simplemente, eligió nuevos referentes. Pero, ahora, Cobos dice que nunca se fue del radicalismo, algo que no parece ser cierto.
De hecho, armó en Mendoza un Partido para la Concertación Ciudadana, que obtuvo en 2007 para gobernador solo el 9.22 por ciento de los votos, dentro de la llamada Confederación Frente Cívico para la Concertación Plural, que logró el 30 por ciento.
El FPV ganó con el 38 por ciento y Celso Jaque fue elegido gobernador.
La UCR, con Roberto Iglesias como candidato, superó a Cobos, con el 10 por ciento. Autoexcluido de su partido, está desde el 10 de diciembre en el Gobierno.
Cobos no se hizo escuchar ni sentir hasta que el conflicto con el campo se hizo explosivo a comienzos de junio. ¿Fue la resolución 125 lo único del kirchnerismo que irritó al mendocino? ¿Y los superpoderes delegados por el Congreso en el Ejecutivo?.
¿Amaba los siderales subsidios oficiales del todopoderoso Ministerio de Julio de Vido? ¿Convalidaba relaciones promiscuas con el venezolano Hugo Chávez? ¿Aceptaba el manejo del presupuesto publicitario oficial en los medios periodísticos? ¿Simpatizó con el control kirchnerista del Consejo de la Magistratura?
Durante la campaña de 2007, la UCR celebró dos convenciones nacionales, una en Rosario para definir un frontal carácter opositor al gobierno kirchnerista, y la segunda en Avellaneda, para formalizar la fórmula Lavagna-Morales en la coalición Una Nación Avanzada. En ambos casos, Cobos y sus amigos no se presentaron.
El entonces presidente Kirchner no se privó de descalificar cada vez que pudo a lo que él llamaba "corporaciones políticas" y a muchas de las estrategias de Raúl Alfonsín desde el gobierno y desde el llano, durante la etapa previa al lanzamiento de la fórmula Cristina-Cobos.
Varios dirigentes radicales de segundo y tercer nivel mostraban reclamos comprensibles cuando recordaban el final lamentable de la Alianza en 2001 y la catástrofe electoral de 2003.
Pensaban, es verdad, que ellos nada tenían que ver con esas derrotas. Necesitados de recursos y triunfos, Kirchner los recibió alborozado, agua fresca en medio del desierto. Kirchner jamás aceptaría un acuerdo orgánico, pero los incorporó de a uno.
Los "concertadores" dentro del radicalismo tachaban de "perdedores" a los que pretendían preservar al partido y prepararlo para el futuro, pero ¿qué opinan de las figuras fundacionales que impregnan el carácter y los valores de esta colectividad pero no ganaban elecciones, como Alem, Lebensohn, Larralde y Balbín?.
Para jefes locales como Miguel Sáiz y Gerardo Zamora, serían mariscales de la derrota, pero ¿podrían haber triunfado Yrigoyen, Alvear, Illia y Alfonsín sin esa larga marcha de décadas durante las que se fijó una trayectoria sólida en defensa de los principios constitucionales?
Lo cierto es que hoy Alfonsín muestra una gran magnanimidad con Cobos, pero el tema propone un dilema institucional. Para retornar al radicalismo, Cobos no puede seguir en un gobierno cuyas políticas no respalda totalmente.
Si lo hiciera, no tiene lugar en la UCR porque él tiene un mandato constitucional y no puede irse al estilo de Chacho Álvarez, que se marchó 2000 y dejó a su partido y a la Alianza colgados del pincel.
Para permanecer en el Gobierno, Cobos no puede volver como si nada a la UCR. Tampoco puede renunciar a la vicepresidencia, caso diferente al de legisladores e intendentes kirchnerizados en su momento, pero que pueden retornar al tronco partidario.
Varios epígonos de Alfonsín se entusiasman de manera imprudente, ahora con la perspectiva de un Cobos triunfal. Ese camino sería eventualmente un peligro para el viejo partido y sus valores principales.
Podría despilfarrarse la oportunidad de que la sociedad argentina reconsidere la importancia de que el país disponga de un sistema de partidos (peronistas, radicales, socialistas, izquierda extrema y conservadores) que respeten y preserven su propia identidad.
DESTACADOS:
1. Cobos no se hizo escuchar ni sentir hasta que el conflicto con el campo se hizo explosivo a comienzos de junio.
2. Los "concertadores" dentro del radicalismo tachaban de "perdedores" a los que pretendían preservar al partido y prepararlo para el futuro.
