El destino de las retenciones está en manos de 7 senadores
Al oficialismo sólo le falta sumar a dos legisladores
LaNación.com.ar – A medida que se acerca la hora de votar el proyecto del Gobierno que ratifica las retenciones móviles, la expectativa sobre cómo terminará la pelea crece en un Senado donde tanto kirchneristas como opositores realizan frenéticas gestiones para asegurarse su objetivo.
Las estrellas de las horas que quedan hasta el miércoles, día previsto para el tratamiento del proyecto, son un puñado de legisladores que se niegan a decir cómo votarán o sostienen que aún no lo han decidido, mientras se intensifican las acusaciones de que el oficialismo apela a diversos métodos para llegar al número que le asegure la sanción de la ley. La lista está compuesta por siete senadores, en su mayoría justicialistas de muy bajo perfil en la Cámara, y el Gobierno necesita, por lo menos, dos de esos votos.
Ellos son los kirchneristas Elena Corregido (Chaco), Adriana Bortolozzi (Formosa) y Ramón Saadi (Catamarca); el neuquino Horacio Lores, del MPN, y el radical del Frente Cívico de Santiago del Estero Emilio Rached. La nómina se completa con los fueguinos del ARI José Martínez y María Rosa Díaz, que se han convertido en el comentario obligado de todos desde que empezaron a ocultar su voto. Hasta hace menos de una semana la oposición daba por descontado que rechazarían la propuesta del Poder Ejecutivo.
Al mismo juego de esconder su voto habían apostado los kirchneristas Silvia Gallego (La Pampa) y Daniel Pérsico (San Luis). Sin embargo, ambos firmaron el dictamen impulsado por el bloque oficialista que convalida, sin modificarle una coma, el texto aprobado por la Cámara de Diputados, por lo que se descuenta que acompañarán a la mayoría en el recinto.
Tanta indecisión alienta las suspicacias: "Muchos se han puesto la latita de se vende en la cabeza", graficó un senador opositor.
Por estas horas, al bloque oficialismo lo desvelan tres votos de su tropa propia y que, de contarlos a su favor, le permitirían bajar al recinto con tranquilidad para ofrendarle al Poder Ejecutivo la ley que tanto necesita para tratar de callar las protestas del campo. El más peleado es el de la chaqueña Corregido, que dice estar indecisa. Más que una postura crítica con la política agropecuaria del Gobierno, la rebeldía de esta senadora tiene que ver con la pésima relación personal que mantiene con su gobernador Jorge Capitanich.
El jueves pasado, gobernador y senadora mantuvieron en el Senado una reunión a solas en el despacho del jefe del bloque oficialista, Miguel Pichetto (Río Negro). Las fuentes consultadas aseguraron que ambos salieron de la cumbre de muy buen humor, pero también coincidieron en señalar que Corregido siguió hermética respecto de cómo será su voto.
Otra senadora que está jugando a las escondidas ante la desesperación del kirchnerismo es Bortolozzi. Desde que llegó al Senado, esta formoseña se ha permitido algunas críticas al Poder Ejecutivo que muchos de sus compañeros ni siquiera osarían verbalizar en reuniones privadas, y es crítica de las retenciones indiscriminadas. Sin embargo, hay dos datos que entusiasman al kirchnerismo: está casada con Floro Bogado, vicegobernador de la provincia, y confían que, en última instancia, atenderá a un pedido del gobernador, Gildo Insfrán.
El caso de Saadi es diferente. Todos descontaban su voto en contra por estar enfrentado al matrimonio Kirchner. Pero en la semana que pasó empezó a tallar en esta historia Armando Mercado. Ex esposo de la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, este "catacruceño" (catamarqueño afincado en Santa Cruz), al que apodan "Bombón", es casi un sinónimo de "operación política" al más alto nivel.
Otros dos senadores de partidos provinciales también podrían tallar en la votación para el bloque que preside Pichetto, que busca por todos los medios alcanzar los 40 votos y evitar así una victoria tan ajustada y pírrica, como la que obtuvo su par de Diputados, Agustín Rossi, hace ocho días.
Ellos son el neuquino Lores y el santiagueño Rached. Los dos casos guardan fuertes similitudes. En sus provincias dijeron estar en contra de las retenciones y a favor del campo, pero responden a gobernadores alineados, aunque con matices, con la Casa Rosada.
Por eso, en el bloque kirchnerista del Senado confían en que una "cadena de llamados" con punto de partida en la Casa Rosada a Gerardo Zamora y Jorge Sapag, gobernadores de Santiago del Estero y Neuquén, respectivamente, y alguna que otra promesa de envío de fondos reclamados por sus distritos terminarán por inclinar estas dos voluntades.
Por Gustavo Ybarra
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La paz social en la Argentina está en vilo
Por Joaquín Morales Solá.
El peronismo es un remolino de sublevaciones al líder. Ningún otro jefe formal del justicialismo perdió tanto poder en tan poco tiempo. Un peronismo clásico, que aspiró siempre a ser homologado por otros partidos del mundo, se está levantando en distritos cruciales del país. Kirchner terminó rodeado por Guillermo Moreno, Luis D Elía y Ricardo Jaime, hombres que son como petardos que estallan bajo las faldas de la clase media.
Una división dramática entre sectores sociales y una ofensiva de empujones y patadas sobre empresas extranjeras, está dejando al kirchnerismo demasiado cerca del chavismo venezolano. Acorralado por la dinámica de la crisis y por la mezquindad de las encuestas, apareció un Kirchner callejero, intimidatorio y rupturista. Lo fue antes, pero en una versión más suave, casi teatral, comparado con las duras constataciones de los días recientes. Su estrategia de empujar sin detenerse ya provocó una implosión del kirchnerismo en Santa Cruz, que expulsó de Río Gallegos al matrimonio presidencial para encerrarlo en la aislada exclusividad de El Calafate. ¿Cuánto hay de esa tendencia al aislamiento del liderazgo en la actual crisis argentina?
No se pueden llevar malas noticias . Un funcionario fue aleccionado de esa manera por otro kirchnerista disciplinado cuando aquél amenazó con llevar ráfagas de realismo a la residencia de Olivos. Ningún jefe político debería ignorar que en una semana cobraron enorme fuerza pública dirigentes peronistas como Carlos Reutemann, Felipe Solá o José Manuel de la Sota, todos críticos del kirchnerismo. De la Sota fue quien llegó más lejos con una definición que parece también un ultimátum: El peronismo no permitirá que nadie lo estrelle , asestó públicamente. A su lado estaba Eduardo Duhalde, el más impaciente entre los caudillos peronistas. Duhalde está convencido de que el peronismo debe contener al peronismo, para salvarlo a éste de una crisis terminal en manos de Néstor Kirchner.
El ex presidente ya ha hecho suficientes méritos como para que su esposa le ponga en las manos las dos valijas para que se vaya de Olivos, lo que, según el propio Kirchner, significaría que perdió definitivamente ante la Presidenta. El mismo día que el Gobierno, incluida Cristina Kirchner, se regodeaba con largas reuniones con el influyente subsecretario de Estado norteamericano, Tom Shannon, el ex presidente la desalojaba de la primera página de los diarios y de los principales noticieros de la televisión. Fue cuando Kirchner convocó a sus militantes a enfrentarse en la calle con los simpatizantes del ruralismo, el martes próximo, y cuando le ordenó a Ricardo Jaime la ofensiva final contra los dueños españoles de Aerolíneas Argentinas.
Shannon vino a la Argentina para dar por superada la crisis política por las voluminosas valijas de Antonini Wilson y para tender los puentes imprescindibles con miras a la próxima transición entre dos gobiernos en Washington. No habrá espacio ni tiempo para acuerdos más profundos. Alberto Fernández lo recibió con un largo almuerzo en el comedor presidencial y la Presidenta tomó el té con él durante más de una hora. En el momento en que ellos ordenaban esa dañada relación, otro sector del Gobierno hacía estallar la relación política con España, cuyos líderes han estado siempre muy cerca de los Kirchner.
Muy pocos gobiernos han carecido de una línea estratégica, buena o mala, como el kirchnerismo. Le da lo mismo llamar "basura" a gestiones del gobierno norteamericano que hablar luego cordialmente con uno de sus principales funcionarios. Le es igual pedirle un favor al rey Juan Carlos (que recibió a Cristina en calidad de candidata en su casa de verano y el monarca no hace nunca esas cosas) que echar del país como forajidos a empresarios muy cercanos al rey.
El caso Aerolíneas Argentinas es un ejemplo claro de lo que un gobierno no debe hacer cuando se quiere tener una buena relación con otro gobierno. Hubo un cambio constante en el discurso. El matrimonio presidencial le explicó a Rodríguez Zapatero en noviembre pasado, en Olivos, que los empresarios españoles eran muy buenos y que los sindicatos aeronáuticos eran muy malos. La Presidenta les ratificó su confianza a los empresarios en enero y acordó otra vez en Lima con el jefe del gobierno español, en marzo, encausar el problema de la aerolínea.
Nada de eso se cumplió porque el problema quedó en poder de Ricardo Jaime, que viene amenazando con echar a los españoles de Aerolíneas desde hace mucho tiempo, y conduce el conflicto con el sindicato de los pilotos sentado a su lado. En una reunión cerrada del oficialismo se llegó a levantar una bandera contra los nuevos colonizadores en alusión a los dueños de la compañía, los principales referentes empresariales de España. El canciller Jorge Taiana estaba en Madrid y su gobierno le había informado muy poco.
El canciller no sabía si darles la mano a los colonizadores o, más tarde, si hablar amablemente, como lo hizo, con Shannon, el otrora representante del imperio . Hizo las dos cosas, por las dudas. En el universo kirchnerista nunca sabe dónde está la próxima curva del discurso.
Sobre el fin de semana, Alberto Fernández comenzó una negociación con el ministro de Industria de España, Miguel Sebastián, para acordar una salida negociada y serena de los actuales dueños de la aerolínea. La vicepresidenta del gobierno español, Fernández de la Vega, sinceró la gravedad del problema: es una cuestión bilateral, dijo, y, por lo tanto, diplomática. El problema es que la cuestión siempre vuelve a Jaime, que carece de cualquier credibilidad. Llegó a imitar los métodos de la vieja Unión Soviética: les ordenó a los españoles que hicieran una autocrítica pública y que entregaran la empresa o terminarían en un Gulag. La diplomacia y Jaime nunca se han cruzado en sus vidas.
Guillermo Moreno casi les hace perder a los senadores kirchneristas la ajustada mayoría que dicen tener para aprobar el régimen de retenciones tal como salió de Diputados. Con otro show de Moreno, la batalla estará perdida , reconoció un legislador oficialista. Moreno no se privó de llevar al Senado un karateca de guardia de corps. Pero lo peor fue la arrogancia que usó para describir un país que no es éste.
José Pampuro, Miguel Picchetto y Nicolás Fernández son los senadores kirchneristas que están logrando una estrecha mayoría del oficialismo. No les es fácil: la figura díscola de Reutemann es atractiva para muchos peronistas. Kirchner tampoco los ayuda. Con la inmediata adhesión de D Elía, el ex presidente convocó a un sector social a enfrentar con otro sector social. Kirchner se rodea en los últimos tiempos sólo de personajes como D Elía, Carlos Kunkel o Jaime. La Capital será el martes el escenario de una fractura expuesta de la sociedad. La paz social está en vilo.
En conversaciones periodísticas, Shannon volvió a reclamar seguridad jurídica en la Argentina para las inversiones externas, justo en los días en que se resolvía de la peor manera la inversión española. Los españoles no saben contra cuál empresa hispana seguirá luego el kirchnerismo. ¿Podría haber nuevas inversiones norteamericanas?, se le preguntó a Shannon. Todo depende de la Argentina , respondió. La Argentina no ha salido aún del siglo XX, ensimismada en sus pobres trifulcas, en una especie de conmovedor soliloquio ante el infinito.
