Crecen las divisiones en el Gobierno con el ingreso de Massa
Puja entre \»cristinistas\» y \»nestoristas\»
La Nación – La crisis política devenida del conflicto con el campo y el alejamiento de Alberto Fernández del Gobierno obligaron al poder a reacomodarse internamente. Parte por parte, como si fuesen las piezas de un rompecabezas, ministros, funcionarios y dirigentes se reagrupan entre dos polos: ser cada vez más "cristinistas" o "nestoristas".
La llegada del nuevo jefe de Gabinete, Sergio Massa, ya mostró hacia dónde va la táctica de su sector que apuesta a mostrar que quien gobierna es la presidenta Cristina Kirchner. "Somos el nuevo cristinismo", propone Massa.
En ese juego, el jefe de los ministros dijo que obedecerá sólo las órdenes de la jefa del Estado, más allá de lo que opine Néstor Kirchner. Y refuerza la idea de eliminar la figura de Kirchner. "La primera vez que hablé con él desde que asumí fue anoche [por anteanoche], después de la conferencia de prensa", aclaró a LA NACION.
Pero en medio de su esfuerzo por despegar a Kirchner del Gobierno, gran parte del gabinete resalta la figura del ex presidente ante la necesidad de aglutinar detrás al PJ, la base del poder requerido frente al próximo escenario electoral.
Florencio Randazzo, ministro del Interior; Julio De Vido, de Planificación; Carlos Zannini, secretario legal y técnico; y Oscar Parrilli, secretario general de la Presidencia, son quienes encarnan en el esquema del Gobierno la resistencia a despegarse de la influencia de Kirchner. Los cuatro tienen, en rigor, el manejo de las relaciones con los gobernadores, intendentes y sindicalistas, el conglomerado de fuerzas que la Casa Rosada necesita controlar para gobernar.
En ese esquema, el enfrentamiento que protagonizaron por años el ex jefe de Gabinete y el ministro de Planificación, entre porteños y pingüinos, mutará ahora en "cristinistas" y "nestoristas". "Kirchner no se va a correr y nosotros no queremos que se corra", dijo Randazzo a LA NACION. El viernes, fue uno de los pocos que salieron a defender al ex presidente de las críticas del ex gobernador bonaerense y diputado Felipe Solá, que lo comparó con el dictador Emilio Massera.
Un soldado
Y hasta en medio de los cuestionamientos al secretario de Comercio, Guillermo Moreno, un soldado de Kirchner, Randazzo lo defendió públicamente y negó que la Presidenta estuviera pensando en removerlo, una decisión que recién reveló anteayer la jefa del Estado. Las palabras del ministro del Interior fueron pocos días después de que Massa admitió que era necesario volver a generar confianza en el Indec, el bastión de los polémicos quehaceres de Moreno.
Otro de los funcionarios que salieron en medio de la vorágine a negar más cambios en el gabinete fue Parrilli, un fiel nestorista de la primera hora. Es el hombre que se ocupa de llamar a los intendentes y gobernadores para asegurarle al ex presidente asistencia perfecta en cada una de sus masivas convocatorias a actos públicos. Y también ratificó al cuestionado Moreno Zannini, el único sobreviviente de la "mesa chica" kirchnerista.
¿Podrá Massa ocupar la silla que dejó vacante Alberto Fernández en los cónclaves reducidos del poder? "Sólo el tiempo lo dirá", contestan sus allegados, que ya se entusiasman con la primera decisión de la Presidenta que respondió a una sugerencia del nuevo funcionario: acceder a dar su primera conferencia de prensa.
El jefe de Gabinete no es un recién llegado al mundo kirchnerista. El ex presidente lo aprecia desde hace años y lo sumó a los partidos de fútbol de los viernes en la quinta de Olivos, el único espacio en el que la mesa se amplía para escuchar otras voces. Massa estuvo el miércoles pasado cuatro horas en la residencia presidencial. El se encarga, no obstante, de decir que no habla con Kirchner.
La mayoría de los ministros y funcionarios consultados por LA NACION coinciden en un punto: el ex presidente cada vez los llama menos, en comparación con los primeros meses de gestión y, sobre todo, durante la larga crisis con el campo. Pero todos hablan con él cuando van a Olivos.
Hábil, Sergio Massa sabe que no podrá impugnar ninguna jugada de De Vido, simplemente, porque el ministro de Planificación responde sin miramientos al ex presidente, y en el esquema del poder considera que es "intocable". Alberto Fernández podía hacerlo porque pertenecía a esa mesa chica de toma de decisiones. Se fue del Gobierno porque ya ni Néstor ni Cristina Kirchner lo escuchaban.
La pingüinera, integrada por los santacruceños y comandada por el ex chofer de Kirchner y hoy empresario Rudy Ulloa Igor, observa a Massa con cierto recelo. "Tienen miedo porque saben que Sergio los pasa por encima", dicen cerca del ex intendente de Tigre. Por ahora, los pingüinos se muestran satisfechos, pero sólo por haberse sacado de encima a Fernández.
El nuevo jefe de Gabinete, no obstante, no pudo hacer demasiados cambios y se rodeó del equipo "albertista". Nombró a Juan Manuel Abal Medina como su segundo, que ya estaba en el área, y por orden de la Presidenta debió ratificar a los secretarios de Medios, Enrique Albistur, y de Medio Ambiente, Romina Picolotti, ambos cuestionados por sus gestiones.
