Opinión | 11/07/2018

México, de dictadura institucionalizada a democracia plural

Cuáles son los desafíos de Andrés Manuel López Obrador después del triunfo en las elecciones presidenciales.

 

Por Hernán Rossi*

México protagonizó el domingo 1 de julio un paso clave en su sostenido proceso de consolidación democrática desde que Ernesto Zedillo cediera el gobierno a Vicente Fox, primer presidente en 70 años no perteneciente al PRI.

 

¿Pueden las elecciones más sangrientas de la historia de México coincidir con un avance histórico en la consolidación democrática de este país? Definitivamente sí.

 

Al consenso de que la alternancia es posible se le sumó el de que el sistema político mexicano se asienta en los partidos como instituciones fundamentales. Ninguna reforma llevada a cabo en los últimos 20 años ha propiciado su debilitamiento.

 

Además en México se considera que es la ciudadanía la que organiza las elecciones. Siete décadas de confusión entre partido gobernante y Estado ha dejado una profunda desconfianza en que éste ultimo sea capaz de garantizar elecciones transparentes. Es por ello que los comicios no se llevan a cabo en las escuelas o en edificios públicos. Muchas "casillas" electorales se ubican en las veredas.

 

A las 11 de la noche habían hablado todos: Los candidatos derrotados, el presidente del PRI (personaje poderoso en México), el presidente de la República, el presidente electo y el otro ganador de la noche, el presidente del Instituto Nacional Electoral, organismo autónomo responsable de la organización de los comicios (en tres horas había resultado provisorio aceptado por las fuerzas políticas)

 

Andrés Manuel López Obrador, arropado por las instituciones que hace apenas seis años él no dudó en acusar de fraudulentas, habló al país antes de la medianoche como presidente electo. Sorprendieron dos agradecimientos, o quizás no tanto: al Presidente en ejercicio, el priísta Enrique Peña Nieto, y a las "benditas" redes sociales.

 

México tiene enormes desafíos por delante, entre ellos cómo conjurar sus dos grandes dramas, la violencia y la desigualdad. Lo que sabemos por ahora es que cuenta para ello con instituciones y con una cultura política notablemente más sólidas que las que tenía hace apenas tres lustros

 

 

* Ex Diputado Porteño, Presidente del Instituto Lebensohn, Observador Internacional de Transparencia Electoral

 


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