Opinión | 28/12/2017

La convivencia social a prueba

Por Juan Francisco Nosiglia, diputado porteño (Sumá+ Evolución).

El jueves 14 de diciembre, como consecuencia de la tensión y los gravísimos incidentes que ocurrieron tanto fuera como dentro del Congreso de la Nación, la sesión especial que iba a tratar la reforma previsional tuvo que ser suspendida. El mismo día, sindicalistas y dirigentes del Frente para la Victoria entraron por la fuerza a la Legislatura bonaerense y obligaron a suspender la sesión.

El lunes 18, mientras los diputados nacionales debatían la reforma previsional, se repitió el mismo clima de violencia cuando manifestantes de distintas agrupaciones políticas empezaron a agredir a las fuerzas de seguridad.

El jueves pasado, el diputado nacional Martín Lousteau fue empujado e insultado por un grupo de manifestantes que reclamaban en contra de la aprobación del nuevo régimen de jubilaciones del Banco Provincia.

Ninguno de estos hechos puede interpretarse aisladamente, puesto que representan sin más una escalada de violencia que, si no se detiene a tiempo, puede ser peligrosísima para la democracia.

Sentirnos obligados a explicar nuevamente los principios básicos de una democracia constituye en sí mismo un retroceso para una Argentina que debería estar pensando en cómo mejorar su futuro. Todos sabemos que la protesta social es un derecho constitucional, pero también sabemos que se debe practicar de modo pacífico sin amenazar el funcionamiento de las instituciones democráticas, respetando a los representantes que fueron elegidos democráticamente, respetando el funcionamiento normal del Parlamento, no violando las reglas básicas para la convivencia social.

Lamentablemente, Argentina tiene que volver a insistir sobre la importancia de las reglas básicas que se necesitan respetar para la convivencia democrática. Se convive democráticamente dentro de las normas y dentro del derecho. Se convive democráticamente porque existe un previo acuerdo sobre la igualdad de todas las personas ante la ley, estatus que concede y crea la noción de ciudadanía. La voluntad del pueblo no es una entidad que pueda proporcionar derechos y exigir obligaciones, como se ha escuchado decir a varios representantes de la oposición. La convivencia democrática necesita, de igual modo, prácticas sociales y políticas que sean democráticas. Ningún principio básico estuvo presente durante estas semanas, cuando primó la violencia.

La convivencia democrática también descansa en el pluralismo. En cualquier sociedad moderna, en cualquier sociedad del siglo XXI, existen diferentes visiones sobre la realidad, distintas ideas y propuestas para proporcionar una solución a los problemas políticos, económicos y sociales. Toda la clase política, sin distinción partidaria, también debe reflexionar sobre la importancia de no subestimar ideas y propuestas que provengan de espacios políticos opuestos. Porque en eso también consiste la convivencia en democracia: estar dispuestos a escuchar las ideas de nuestros pares, comprometerse con la diversidad y ser tolerantes.

No es posible la convivencia social con violencia. Y para garantizar la convivencia social es necesario aprender a convivir y a vivir en democracia, y entender finalmente que la democracia es mucho más que una forma de gobierno, es un estilo de vida. 

 


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