Opinión | 29/07/2017

“A nadie le importa la salud pública”

Por Mariela Coletta. Auditora general de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Evolución).

Aunque suene crudo y frío, esta frase se repite muchas veces en cada uno de los hospitales porteños, y los autores son médicos, enfermeros y pacientes que luchan cada día contra la falta de turnos, la inseguridad, los equipos rotos y la ausencia de insumos.

Durante 2016 los hospitales porteños tuvieron 8.903.404 consultas. Nueve millones de personas concurrieron con una necesidad y fueron tratados. Los hospitales más grandes, al sur de la Ciudad de Buenos Aires, el hospital Santojanni, el hospital Piñero y el hospital Argerich, brindaron entre los tres la suma de 2.203.335 consultas en un año.

A lo largo de mi gestión en la Auditoría de la Ciudad, visité los hospitales porteños que están siendo auditados, ya que me parece fundamental estar en el territorio y conocer a fondo los problemas de infraestructura, las necesidades del personal y de los pacientes. Con mi equipo recorrimos estos tres nosocomios y vimos cómo la frase del título de la nota empieza a ser respondida.

El servicio de guardia del hospital Argerich tiene serias carencias. Con sólo cinco consultorios, hace más de diez años que se pide una ampliación física del espacio y del personal. Sin embargo, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires este último año decidió refaccionar la sala de espera, decisión que no soluciona los problemas y, en contraposición, incrementa el cuello de botella de personas que esperan a ser tratadas de urgencia. La terapia intensiva tiene 25 camas, pero sólo 13 se encuentran en condiciones de funcionar.

Además de la saturación en los tres servicios de guardia de los hospitales, la violencia y la inseguridad son una constante: en el Argerich se viven diariamente agresiones debido a las demoras en la atención; en el Piñero han existido ataques a pedradas a la oficina de guardia, además de robos en el estacionamiento interno del predio. El Piñero no contaba con personal policial dentro de las instalaciones, los médicos nos relataron que apenas consiguieron un patrullero de gendarmería estacionado que no tiene entre sus funciones oficiales proteger el nosocomio. En la guardia nos contaron casos de residentes que cumplen un día de trabajo y luego renuncian.

En el Piñero, actualmente se está reparando la fachada, arreglando los canteros de la entrada del predio y pintando la vieja sala de guardia. Sin embargo, hace más de dos años que está demorada la construcción de un nuevo edificio de guardia.

El Santojanni tuvo que ser enrejado y se instaló progresivamente un sistema de bloqueo de puertas que blinda el hospital en caso de un ataque masivo, como se dio en 2012, cuando barras de Chicago ingresaron a atacar a un paciente.

Repito la cifra: nueve millones de consultas durante 2016. Esta cantidad se sostiene aproximadamente desde el año 2002. Sin embargo, en 2002 el presupuesto de salud representaba el 28% del presupuesto, y en 2016 es 10 puntos porcentuales menor (17,6%).

Hoy los hospitales están saturados, con problemas de equipamiento y de infraestructura; los médicos son golpeados, maltratados y además faltan nombramientos. Durante 2015, el gobierno invirtió solamente el 20% de su presupuesto publicitario en salud. Con dos clics podemos conocer cuántas bicicletas hay en una plaza pero no el monto destinado a campañas publicitarias para prevenir la gripe, el dengue o el zika.

El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires elige gastar cuatro millones de pesos por día en pauta sin discriminar, cuando con ese dinero podría equipar con un respirador artificial a cada uno de los 37 hospitales públicos y los 43 centros de salud de la Ciudad.

Entonces, cada vez que nos preguntamos si a alguien le importa la salud pública, podemos decir con seguridad que es una prioridad para los médicos, los enfermeros y los pacientes que conviven día a día en condiciones míseras, y que debería ser prioridad para el gobierno de la Ciudad. 

 


Conectando con facebook..