Opinión | 29/06/2017

Evolución: ¿Por qué debemos hacernos nuevas preguntas?

Por Juan Francisco Nosiglia.

Argentina tiene hoy el Estado más grande de su historia. El gasto del Estado Nacional -incluyendo a los estados subnacionales- alcanza el 47% del PBI y se ubica como el gasto público consolidado más alto desde 1980. Tenemos un gasto público 3 veces mayor que hace 25 años y - sin embargo- el 32% de la población se encuentra sumergida en la pobreza. Una década de desfalco y malas políticas dejó a nuestro país con una situación económica y social calamitosa.

Hace apenas 2 años, los argentinos elegimos dar una vuelta de página y dejar de mirar al pasado, comprometernos con el presente para poder imaginar nuestro futuro. No obstante a eso, todavía no hemos madurado lo suficiente. La madurez en política implica no sólo crear puentes de diálogo con todos aquellos que están dispuestos a comprometerse y a mejorar los asuntos públicos, también consiste en no hacer lo que dijimos que no íbamos a hacer.

Es hora de mirar el presente y hacernos nuevas preguntas. Debemos preguntarnos por qué países que cuentan con la misma participación del gasto estatal han logrado revertir las condiciones de vida logrando mayor equidad e igualdad en las oportunidades. También es momento de preguntarnos por qué, pese a tener un Estado enorme, los servicios que prestamos siguen siendo en su gran mayoría deficientes. Con el mismo tipo de preguntas debemos encarar los problemas que hoy tiene la Ciudad de Buenos Aires.

Debemos preguntarnos por qué el sistema subterráneo de la Ciudad de Buenos Aires es insignia de atraso de nuestro país en relación con el mundo y con nuestros países vecinos. Fuimos precursores en la materia, haciendo de este medio de transporte uno de los más extendidos del planeta. Hoy no sólo su desarrollo está estancado, también estamos atrasados con respecto a otras ciudades. Los datos no pueden esconderse. Nuestra ciudad tiene solo 53,9 kilómetros de vías subterráneas mientras que en ciudades como Madrid y México llegan a 300 kilómetros de red. No hace falta, sin embargo, mirar tan lejos; nuestros vecinos chilenos hicieron de Santiago una ciudad que lleva construida 106 kilómetros de red bajo tierra. Actualmente en Santiago se construyen 2,5 kilómetros por año, ¿y en Argentina? La Ciudad de Buenos Aires construye tan solo 0,60 kilómetros. De haberse cumplido la promesa del gobierno porteño, hoy tendríamos un promedio de 150 km de red subterránea. El Metrobús ayudó a alivianar el tránsito en las avenidas más caóticas de la ciudad, pero no logró solucionar el problema en materia de transporte público y movilidad. La construcción de carriles para colectivos tiene un bajo costo y también otorga a los oficialismos el beneficio de mostrar la obra terminada en muy poco tiempo, pero llevamos una década postergando la inversión en un sector del transporte público que es imprescindible a la hora de mejorar el día a día del ciudadano. Hoy tenemos un promedio de 1.300.000 pasajeros de subte que viajan a diario en condiciones paupérrimas como producto de la desinversión.

Debemos preguntarnos por qué Buenos Aires, pese a ser la ciudad más rica del país y contar con el presupuesto más grande de su historia, aun hoy tiene enormes dificultades para superar la desigualdad. La ciudad de Buenos Aires tiene 20% de pobres, lo que equivale a la suma de 578.000 personas sumergidas en la miseria. La tasa de desocupación de nuestra ciudad se ubica en un 9,4% y podemos constatar, una vez más, que tenemos una ciudad con dos caras desde hace ya varios años. La disparidad entre un Norte desarrollado y un Sur vulnerable sigue siendo un patrón persistente. Mientras que la tasa de desocupación en los barrios del norte es del 6.5%, en los barrios del sur dicha tasa llega a un promedio del 15%. La brecha entre el Norte y el Sur no solo cruza al mercado de trabajo, también alcanza a la tasa de mortalidad infantil, a los problemas habitacionales y de vivienda, a los servicios básicos y la calidad en la educación.

Debemos preguntarnos por qué el gobierno de la ciudad de Buenos Aires gasta un promedio de 4 millones de pesos por día en publicidad y por qué no se audita ni se controla. Tenemos que saber qué se hace con los recursos de los ciudadanos, para qué se usan y por qué. Tenemos derecho a saber cuáles son los gastos en publicidad en la vía pública, en medios gráficos y radiales. También tenemos el derecho a saber cuánto dinero destina el Poder Ejecutivo a las campañas publicitarias en redes sociales.

Tenemos la responsabilidad de hacer política con datos y comprometernos con esos datos para mejorar la realidad. Tenemos que dejar atrás la falacia del falso dilema, que en política se usa para plantear alternativas de manera dicotómica. Cuando llevamos a dos extremos el espectro de posibilidades, ocultamos aquellas opciones que pueden ser útiles a la hora de resolver los problemas más urgentes de los ciudadanos. El falso dilema anula nuestras oportunidades a futuro.

Evolución significa, siempre, hacernos nuevas preguntas. 

 


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