Opinión | 18/01/2017

Illia cada día gobierna mejor

Por Hernán Rossi.

Hace 34 años moría uno de los políticos que la Argentina actual más echa de menos. Arturo Illia se nos fue cuando los argentinos recuperamos la democracia, allá por 1983. Hoy podemos decir que luego de algo más de tres décadas sin golpes militares, de continuidad democrática, aún se extraña a esta enorme figura política.

Illia reivindica la actividad política porque a la constancia en la acción le agregaba constancia en los valores, constancia en la prosecución de sus convicciones. Nadie imagina a Illia mirando una encuesta antes de tomar una decisión. No era uno de esos políticos “corchos” de los que renegaba Moisés Lebensohn, esos que “flotan para ser llevados por la corriente del momento”. Illia tenía sus ideas, tenía su plan de gobierno, tenía una respuesta para cada problema de nuestro país. Se las ofreció a la sociedad y esta acompañó. No caviló. Miró al horizonte y determinó un rumbo que empezó sin demoras a trazar. Aparte de gobernar estaba haciendo escuela.

Esta personalidad, esta forma de asumir la actividad política lo transformó en un verdadero estadista. A este panteón no se llega fácilmente. Hombres y mujeres que hacemos política hay muchos, sin embargo, esto no nos transforma mecánicamente en estadistas. Quizá acá radique la diferencia entre el hecho de administrar y gobernar. Tal como lo clarificó Raúl Alfonsín gobernar implica tomar decisiones cruciales basadas en el delicado equilibrio entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. Sin duda Alfonsín fue un continuador de la escuela de Illia. O, mejor dicho, la experiencia de Arturo Illia marcó a fuego a una generación de dirigentes radicales, jóvenes en su momento, que hizo de ellos fieles discípulos de esta forma radical de hacer política.

Es evidente la marca que dejó en la Unión Cívica Radical esta figura descollante de la historia de nuestro país. Illia vive en nuestra organización. Su figura moldea permanentemente a nuestro partido con esa fuerza trascendental que tienen las ideas, las acciones y las convicciones.

Pero también se encuentra presente en una sociedad que busca ejemplos, conductas. Que busca dirigentes convencidos, con proyectos. Que tomen decisiones y asuman su responsabilidad y que no deleguen su impericia o su ausencia de determinaciones en la sociedad. La ciudadanía elige en las urnas un programa que luego hay que implementar. Esto lo sabía Arturo Illia y esto lo hizo distinto; por ello es considerado un verdadero estadista y no solo un hombre que hacía política. Illia marcó un rumbo que puso a consideración de su pueblo y de esta manera asumió sus aciertos y sus errores, nunca puso excusas ni buscó responsabilizar a otros.

A 34 años de su desaparición física perdura con más vigencia que nunca su legado, que no es otro que el del partido radical. En vos, en todos nosotros, los radicales, queda la tarea de mantener vivo su recuerdo, no para conmemorar aniversarios sino para lograr transformar nuestro país, para dotarlo de porvenir, para sacarlo de su estado de potencia permanente y desplegarlo en un proyecto inclusivo de desarrollo, que logre generar tanta riqueza como valores. Como estadista que fue, para Illia desarrollo económico y democracia son ideas indisociables. La simplicidad de lo complejo. 

 


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